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CARLOS ROLANDO IN MEMORIAM

Con la marcha de Carmen Balcells, Barcelona volvió a celebrar recientemente el boom de las letras iberoamericanas que en su momento eligieron a nuestra ciudad como epicentro. La marcha de Carlos Rolando me sugiere subrayar otra eclosión casi coetánea, la que produce el desembarco de un contingente de lumbreras, mayormente argentinas, que establecidas con éxito en la ciudad, agitan las aguas de la profesión y de campos inmediatamente relacionados como el publicitario, con una inyección refrescante de pensamiento, ejecutoria, exigencia y dignidad.
En ese grupo, en primera línea de fuego si se me acepta la metáfora, disparaba Carlos Rolando. Y uso esta metáfora y no otra porque Carlos, divino impaciente, me recordaba a veces aquella simpática declaración de Raymond Chandler: “Yo he venido a este mundo a pelear”.
Como artista a mí se me aparecía como un pop de los serios, como diseñador lo encontraba exquisito, haciendo bingo una vez tras otra con una elegancia ígnea, ejercida sin concesiones, fruto de unas cuantas convicciones muy ordenadas y de su robusta escuela americana del norte.
Aunque no era mucha la frecuencia con que la vida y la agenda nos permitió relacionarnos, siempre celebrábamos estar un rato juntos, ya fuera en la mesa de algún figón, ya fuera en encuentros profesionales de distinto signo. Con él y a petición de su gran amigo y cliente perpetuo Manolo Vila del Olmo, tuve ocasión de imaginar el certamen Bestpack, que se celebra en el marco de Alimentaria.
Manolo me decía todavía ayer que Carlos murió con las botas puestas pues un día antes estaban preparando juntos la nueva convocatoria de los premios, que ya no sé por qué número va, pero que se ha convertido en importante. Y no podía haber mejor inspirador y promotor de ese premio que Carlos, que era un comunicador enamorado del diseño del producto y de su envoltura, al punto de predicar, a veces en el desierto, la absoluta centralidad de un pack sublime en el complejo de comunicaciones que debía emitir una marca. Esa prédica durante un tiempo, la llevó a cabo también a dúo con un gran cerebro, Rafa Suso. Era un privilegio escucharles argumentar juntos dónde se creaba valor y dónde filfa.
Hay gente mucho más autorizada que yo para explicar el legado profesional de Carlos Rolando, compañeros diseñadores y publicitarios que lo han tenido muy cerca y que han trabajado codo a codo con él, así que no me extenderé. Espero que Maya y Mariano, sus hijos continúen en este oficio del que el padre fue un consumado maestro, porque el ADN es el ADN.
Por lo que extraigo de lo que anoche nos decía su esposa a Norberto Chaves y a mí, creo que también diseñó el cuadro previo al infarto que se lo llevó, apaciblemente sentado: Un libro de arte en las manos y una taza de té.
Y espero también, cuando quede liberado de ataduras como él, reencontrarme algún día con Carlos en quien sabe qué cúmulo, estrato o cirro, y hacer esa comida, varias veces anunciada y reclamada por ambas partes, que se nos quedó pendiente. Qué persona y qué legado tan admirables. Descanse en paz.

Enrique González
Socio fundador de SUMMA y BriskTeam Comunicación
5 de febrero de 2016

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